martes, agosto 08, 2017

Negros

Hace años leí "Poeta en Nueva York' y no entendí nada de sus versos surrealistas, pero me impregné de todo el maremagnum explosivo que sintió Lorca.

Hace un rato una azafata negra me deseaba un buen vuelo, poco después de que una vendedora hispana me empaquetara una taza de café que no sé dónde pondré, tras haberme controlado el pasaporte una policía de color y habernos acercado en taxi al aeropuerto un árabe llamado Hammed, que nos recogió en la parada de la línea E que una mulata de acento cubano, a la que contratamos la vigilancia de nuestros equipajes, nos indicó justo después de que una puertorriqueña nos pusiera de comer sopa de pollo.

No me gusta hablar de razas, ni de los mexicanos reventados que dormían con la boca abierta repartidos por los vagones del metro la madrugada del sábado camino de Harlem, ni de la humildad con la que recogen la basura de los que nos zampamos la suculenta comida picante que nos cocinan; pero me gusta pensar que sus hijos estudian, que esos negritos vestidos de hombre que nos miraban embelesados en la misa de su barrio algún día gobernarán el mundo que creemos nuestro, y que lo harán sin rencor.

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